miércoles, 10 de noviembre de 2010

Copia Fiel o Infiel. ¿Es lícito copiar?

PIRATAS UNA AMENAZA A LA ORIGINALIDAD DE LAS IDEAS. COPIA FIEL


Toparse con ideas ajenas no es un reto en estos días. Merodean sueltas por Internet, son fáciles de encontrar en las organizadas bibliotecas universitarias, aparecen espontáneamente en una clase. Si bien todas aquellas pueden constituir una excelente ayuda a la hora de consolidar un trabajo universitario, utilizarlas sin mencionar a su autor supone un hurto intelectual. Cuidado.

Escribe Tatiana Palla – Ilustración Andrea Lértora

Exhibir una asignación escolar supone de manera segura, disponer de menos horas libres a la semana. O tal vez no. Todo depende: copiar algunos párrafos claves del libro de ciencias, buscar ilustraciones por Internet, revisar Wikipedia, darle una ojeada al cuaderno y luego, con la información entendida a medias y una idea general del tema asignado, organizar los extractos encontrados de una manera ágil y consecuente puede equivaler, para un escolar, a haber realizado un buen trabajo. Porque la idea que muchos profesores dan a entender en las aulas es que una buena tarea es la que más información tiene y, bajo esta concepción, los trabajos redactados por los propios alumnos, no siempre son garantía de una nota pomposa (o justa) en la libreta escolar.

Son pocos los alumnos que salen del colegio con una idea clara de qué es el plagio. Los que crean que en la práctica el concepto se limita a pasar un examen con papelito de respuestas a escribir en el cuaderno una parte de la tarea del compañero, sólo han visto la punta del iceberg. Estas modalidades, que más bien caen en la simple categoría de copia (más relacionadas con la idea de salir del paso, o por un simple deseo de transgresión), poco tienen que ver con su verdadero significado. En breve: el clásico copiar y pegar que todos han hecho alguna vez, desprovisto de una referencia posterior que señale que la línea o párrafo extraídos no han sido creados en la primera página por nosotros, constituye un plagio.

“Cualquier trabajo que el alumno presente y tenga su nombre en la primera página, está diciendo que todo lo que viene detrás es suyo. Si lo que viene después no es de autoría propia, se trata de un plagio. Eso está claro”, señala Guillermo Nugent, sociólogo y profesor de Ética Profesional en la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC). Un detalle tan simple y lógico, pero que pocos aprenden en el colegio. Y justamente, añade: “hay dos maneras de plagio. Uno es de la inmadurez, que viene del plagio escolar, aparece en los primeros semestres de la universidad y luego desaparece. Otro es el de mala fe. Es de un margen muchísimo menor que el anterior, y con la intención deliberada de hacer trampa”. Los profesores son conscientes de que muchas veces el colegio no sienta bien las bases para que el alumno, en su paso a la vida universitaria, sepa que es necesario advertir al lector que una parte del trabajo es una referencia a una obra ajena. Si bien los plagios en los primeros ciclos pueden ser objeto de una pena suave, como la descalificación del trabajo y una aclaración sobre la obligación de citar lo ajeno, hay que tener cuidado: el plagio ejercicio en últimos ciclos, cuando se da por sentado que el alumno sabe las reglas del juego, puede llegar a ser penalizado con la expulsión.

Cita, peruano, cita
El plagio no sólo abarca la inclusión textual de una frase extraída de un libro o una página web. Los extractos de noticias, entrevistas y opiniones publicadas en período también deben ser citadas.

El parafraseo, es decir, la reescritura en palabras propias de un concepto o conclusión acuñada por otra persona también entra en la lista. Porque el simple cambio de palabras no elimina el hecho de que se esté usando una idea ajena. Finalmente, otra forma de plagio, tal vez menos evidente, es el uso sin referencias a ideas de profesores o alumnos producidas en clase, y que inocentemente pueden terminar como un apunte propio en el cuaderno universitario. Está de más decir que la clonación de textos de los compañeros es un plagio obvio, y que entra, además, en la clasificación de plagio malintencionado.

Existen otras razones por la que puede suceder. Guillermo Nugent señala que la confianza en uno mismo está involucrada. “Hay gente que piensa que su propia opinión no vale nada para los ojos del profesor, entonces se basan en una opinión ajena. Cuando una persona tiene un poco más de confianza en sí misma, el plagio tiende a desaparecer”. Asimismo, también es muy común que el alumno, al encontrar un autor que tenga la misma opinión formada, respecto a un tema, opte por dejar que el autor “hable” y guarda su apreciación personal. Nugent, explica que, por el contrario, los aportes personales de los alumnos en torno a propuestas ya conocidas son los más apreciados por el profesor a la hora de leer un trabajo. El consejo: no tener temor a expresar la propia opinión.

Tiene que quedar claro: una cosa es el colegio, una fase de educación obligatoria, donde él énfasis está en acumular conocimiento creado previamente. La universidad debe entenderse como la plaza en la cual el alumno se prepara para vivir, a futuro, a partir de su propia creación de conocimiento. Entonces, traerse montones de impresiones de Internet resulta una especie de locura, es perder el tiempo”, explica, en pocas, palabras, Flavio Figallo, coordinador de la dirección de Asuntos Académicos de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP).

Pero si nadie se da cuenta
El hecho de que haya una inimaginable cantidad de Información disponible (y copiable) para el alumno, tiene su contraparte en el hecho de que, ahora, los profesores tienen armas para detectar el plagio. En Esan los profesores tiene un Programa llamado Antiplagio que les permite filtrar un documento (recibido por vía electrónica) y descubrir, en caso de plagio, cuáles han sido los párrafos copiados y, además, a que páginas Web pertenecen los extractos.

Si bien mayoría de universidades pide la entrega de trabajos impresos, los profesores tiene otra arma: la experiencia.

“Tu te das cuenta cuando un documento no lo ha hecho el alumno. Ya sea por la calidad de la redacción, o el tipo de fuentes que cita”, explica Nancy Matos, administradora con un doctorado en el Área de Comportamiento del Consumidor y la Propiedad Intelectual y, además, profesora de Esan.

Copiar citando.
En la PCUP el tema del plagio ha dejado de estar solo en la nota de descalificación del profesor, sino que se combate activamente desde el mismo alumnado. “Nosotros empezamos a pensar en cómo se maneja el plagio. No solo afecta al plagiado, sino también a la misma persona que comete el plagio, porque deja de citar las propias ideas”, dice Luís Miguel de la Cruz, Bachiller de Periodismo, quien junto a María José Masías, Lorenzo Solezzi y Javier Salvador, de Comunicación para el Desarrollo, crearon en su décimo ciclo la campaña “Recapacita”. Ellos, a través del superhéroe Chancónery y la Ratatopoplagera (que se dejan ver en paneles, bandejas de la cafetería y separadores de libros), pretenden estimular a los cachimbos a adecuarse a las nuevas reglas.

Ética original
La campaña ya tiene varios meses de vigencia y tiene planes de extender su alcance. “Tenemos pensado hacer el “Día de la Originalidad” con los alumnos de estudios generales de ciencias y letras. Queremos colocar un panel para que los alumnos puedan escribir las 999 razones para no plagiar” dice De la Cruz.

Flavio Figallo añade que la adopción de una mentalidad antiplagio en la universidad es crucial, y espera que la iniciativa tomada por la PUCP se repita en otras universidades. “Plagiar es no reconocer la capacidad que uno tiene para crear. En la lógica de la formación universitaria se tiene que superar este tipo de cosas y que los alumnos se atrevan a crear. Ese es el juego, y es divertido”, afirma.

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